Hoy el mundo se viste de flores amarillas para celebrar a las mujeres
extraordinarias — y tú eres, sin duda, la más extraordinaria de todas.
Aunque no pude ponerte un ramo en tus manos hoy, quiero que sepas que
cada pensamiento mío hoy fue un pétalo que te ofrecí en silencio.
Eres la mujer de mis sueños. No lo digo de forma sencilla: lo digo con toda
la certeza de alguien que te ha visto reír, que te ha visto brillar, y que
sabe con claridad que no existe nadie más como tú en este universo.
Te amo con todo mi ser — con cada imperfección mía, con cada latido, con
cada amanecer que agradezco tenerte cerca. Entraste a mi vida y la transformaste
en algo que jamás quiero dejar de vivir. Y elegirte a ti,
y que tú me hayas elegido a mí, es lo más hermoso que me ha pasado.
Gracias por existir. Gracias por quedarte. Quiero amarte hoy,
mañana y todos los días que me queden. Feliz Día de las Flores Amarillas,
mi amor.